| Me habían contado cuando era chico, las historias de la Santa Compaña, y como era de esperar, no es cierto lo que me habían dicho : La Santa no va por esos montes de Dios y de Belcebú en penitencia absurda, y por supuesto, no anda, llamando a las puertas de nadie para reclamar las almas de la buena gente mientras duerme. Lo que sí hace es exigirle a las personas de mal vivir su responsabilidad como mortales, aunque a veces se les va la mano, como así ocurrió, en esta ocasión que ahora os relato. Un día me contaba un colega pintor, que hacía lo que no es de recibo, (y todo su mal consistía en pintar, lo que no le gustaba, con la sensata justificación de que tenía que comer), lo siguiente: Paco yo venía del mercado de los Jueves quizás más eufórico que de costumbre ya sabes dos acuarelas y un óleo, no como otras veces, si no, bien pagado. Se había hecho tarde y pensaba en llamarte y hacer de esa noche de Octubre una noche vieja para celebrarlo, |
cuando al llegar al cruce de Monelos,
!coño¡ me asusté con unas sombras que, parecían capuchones de
Semana Santa...Allí quede clavado al suelo pues me di cuenta que era
la Santa Compaña. El maestre se encaminó hacia mi con paso decidido y al
llegar a una distancia donde empezaba a distinguir la calavera de su rostro,
paró y con voz que nunca he de volver a oír me dijo: -No es justo que
mientras todo el mundo trata de ser feliz tu busques la vida fácil, pintando
lo que no te gusta, sólo por dinero -¿ Fácil?- le contesté- que le parece si se propone Vd. vivir de lo que pinte, incluso de lo que le gusta a la gente y luego lo comentamos ¿ eh?. -¿Y qué contestó?- Que iba a contestar, marchó rezando camino abajo , a sus obligaciones. Amén |