El acantilado
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Cuentan que en el del acantilado de Ruegos, se ajustaron las cuentas dos
contrabandistas, por aquel entonces peleaban no se sabe bien por
qué, aunque coinciden varias versiones en que terció entre ellos una
bella mujer que trajeran de vuelta de un viaje que hicieron juntos a
ultramar. Lo que si quedó claro, según testigos, fue del reto que el
"Negro", así llamaban al más alto por tener la cara quemada y oscurecida
debido al fogonazo de la pólvora de un arcabuz, como digo el reto que el
"Negro" lanzó a su compañero:
. -Por los
muertos tuyos y míos que si hoy me matas me vendo a Satanás
" pa" montar
guardia de tus miserias el resto de la eternidad. - Para mi, quiero el puesto
si eres tú el que acabas conmigo. Le dijo el "Rata", alias que tenía el socio,
encarándose al "Negro", que ya le había apoyado un
cuchillo en el gaznate.-¿Lo quieres aquí delante de todos?- No, en el
acantilado de Ruegos, allí te tiro al mar para que te pudras lentamente.-Que
sea ahora.-Pues que sea. Unos acompañaron a
los contendientes y otros andaban a la carrera buscando al cura, para que
diese aviso a la autoridad, pues aquellos seguro que se mataban. Como así
ocurrió, pero no como era de prever, con las tripas colgando y empapados en
sangre tras romántica pelea, viendo centellear el acero en el aire, si
no
del traspiés que dio el "Negro" cuando iban a empezar el ajuste y por
la ayuda que le quiso prestar el "Rata" para que no cayera, yendo los dos de
esa manera a romperse la crisma contra las piedras.
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Cuando contemplé
aquel imponente acantilado e imaginé lo tragicómico del final de aquella
segura borrachera que llevaban los personajes, no pude contenerme y me eche
a reír. En ese momento sin venir a cuento empezó a entrar una niebla fría
del mar, inexplicable, pues era verano y
en día caluroso, el acantilado
cambió a un color gris, me encontraba incomodo y me retiré del borde
buscando otra vista más segura al otro lado de la playa.
Desde el nuevo
emplazamiento observé que los penachos de niebla que ascendían
y
venían hacia mi, figuraban formas fantasmagóricas que envolvieron, en un
pestañear, toda la zona de una niebla
espesa y fría.
Marché hacia el pueblo a paso ligero,
y no he vuelto nunca más, no fue una
sensación agradable y cada día que pasa, recuerdo con más claridad,
como si del mar viniesen unos fantasmas a echarme de aquel lugar,
molestos, supongo, por haberme reído
de
cómo
acabaron
"El
rata" y su compañero " El Negro". RIP.
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